Razones para rediseñar una publicación o una marca


Muchas veces se plantea la necesidad del rediseño en una situación de crisis, de pérdida de mercado, de lectores, de influencia y se espera que una remodelación pueda resolver el problema empresarial. 





También se plantea un rediseño ante la amenaza de una crisis más amplia, no tanto de pérdida de influencia de un medio en particular, como del medio, en general. Este es el caso de lo que está sucediendo con muchos periódicos  ya asentados que se ven amenazados por la pérdida de lectores y de anunciantes que cada vez ven más atractivo Internet como soporte. Pero en realidad, no sólo los periódicos –por estar en una etapa de cambios y transformaciones- se ven obligados a cambiar su presentación, su aspecto... Es un proceso que viven también las empresas que van buscando nuevas formas de comunicación y de identificarse en un mundo en que la uniformización se extiende. 




Como afirma Frank Memelsdorff “rediseñar es cambiar, es estar del lado del cambio”. El cambio puede estar motivado por diversas razones:

  • Empresas cuyos clientes envejecen y van perdiendo contacto con nuevas generaciones
  • Cuyos productos o servicios ya no se distinguen de los de sus competidores. 
  • Cuyos productos simplemente van quedando obsoletos
  • Han diversificado hacia nuevos productos o nuevas actividades que no se relacionan con su imagen en el mercado
  • Necesitan reposicionarse para acceder a nuevos públicos
  • Su imagen se ha quedado “vieja”
  • Han pasado por una crisis y necesitan volver a situarse en el mercado
  • Han cambiado sus propietarios o una buena parte de sus accionistas
  • Su diseño inicial fue improvisado o poco profesional.

Cinco categorías genéricas que se corresponderían con situaciones o razones que propician la decisión de rediseñar una imagen: Reubicar, modernizar, gestionar el cambio, promover el crecimiento, y  volver a empezar.

Reubicar una imagen que necesite reubicarse generalmente no representa a una empresa que luche por sobrevivir. Por el contrario, la empresa busca formas de mejorar todavía más su posición comercial con ligeros y hábiles ajustes.

Modernizar en un momento u otro, toda empresa se encuentra en la necesidad de una imagen más actual ni no quiere perder terreno respecto a la competencia. Un aspecto más nuevo, un diseño más práctico, una estética que llegue a los clientes: todo esto sería el resultado de un diseño modernizado.

Gestionar el cambio tanto si la empresa percibe el cambio como bueno o como malo, el cambio de todos modos vendrá. Si la imagen de la empresa no se acompasa al cambio empresarial, se volverá cada vez más irrelevante.

Promover el crecimiento puede que una empresa esté pasando del estadio de unos inicios precarios al nivel de competidor con aspiraciones o tal vez una gran empresa requiera una presencia todavía mayor. Promover el crecimiento a través de una nueva imagen sería una acción enérgica y táctica.

En cada diseño nuevo o modificado debería haber un deseo de cambio, el reconocimiento de que las cosas podrían ser mejores. Pero cuanto mayor es la empresa más difícil se hace esto porque las líneas de comunicación y las implicaciones del cambio son más complejas.


Volver a empezar A veces una imagen antigua no puede o no debe ser salvaguardada. Volver a empezar con una imagen completamente nueva sería la opción más inteligente.

Además de las consideraciones habituales del mercado y la estética, es preciso recordar que el cliente y el diseñador deben tener presentes las posibles consecuencias emocionales.

¿Tiene la identidad antigua valores que deben ser preservados? 

¿Serán reticentes los empleados y los clientes del cliente?

¿Se pondrán a la defensiva cuando se les presente algo nuevo? 

¿Cuánto riesgo está dispuesto a aceptar el cliente?

Una respuesta mal calculada a cualquiera de estas preguntas puede perjudicar al negocio del cliente o incluso arruinarlo.


Diseño de revistas: la portada en el quiosco es el envase y el embalaje



En el diseño de publicaciones periódicas un aspecto fundamental de su packaging sería su portada (sumado al tipo de papel, al formato, a la encuadernación…). 

Como explicaba Rodrigo Fino, las portadas de revistas tienen el mismo tiempo de impacto en la decisión de compra que el que tendría un envase de cualquier otro producto en un estante de un supermercado: apenas segundos. Tal vez sean 10 o 15 segundos lo que media entre la decisión de comprar o no una revista; si es que ésta tiene además la buena fortuna de estar en un lugar donde podamos verla y leer la propuesta de contenido desde la portada. Muchas revistas disponen de otros componentes importantes en la decisión de compra: el hábito y el respeto por la marca. Hoy, depender sólo de estos componentes es muy arriesgado.




Con respecto a ese tiempo de decisión de compra de una revista al ver la portada, Juan Caño, al redactar el libro de estilo de la revista QUO con motivo de su lanzamiento, reducía ese tiempo ante el quiosco a tres segundos:

  • El primer segundo es para demostrar que es diferente a las demás.
  • El segundo segundo es para despertar el interés gracias a su imagen de portada.
  • El tercer segundo es para impulsar la compra gracias a uno o a varios de los títulos de portada.


Despertar el interés a los potenciales compradores por medio de la portada de la revista o periódico es una labor compleja que se dirige a unos públicos objetivos que muestran diferentes niveles de interés.



En el centro de la diana están los lectores cautivos, aquellos que se acercan al quiosco decididos a comprar su revista habitual y no necesitan ver la portada.

En el siguiente círculo concéntrico están los lectores de “gran interés”, que son aquellos que se acercan con la idea premeditada de adquirir una determinada revista y lo harán si no existe en la portada algo que le desagrada.

En un círculo más amplio están aquellos lectores que se acercan con un interés moderado, pero necesitan ser conquistadas y animadas por algo que les atrae especialmente como puede ser una imagen o un título.

En la zona más distante de la diana estarían los compradores con un “interés marginal”, que comprarán la revista si anuncia en la portada algo especial que en esa ocasión les interesa por alguna razón personal y concreta.





El objetivo final de una publicación periódica que se distribuye en quioscos sería ir transformando a los compradores de interés marginal en compradores de interés moderado, más tarde en compradores de gran interés y, finalmente, convertirlos en lectores cautivos.